Cuando escribir vuelve a ser un acto de fé
- Emelyn Nuñez Photography

- 19 oct
- 3 Min. de lectura

Hace mucho que no escribo aquí. no lo he hecho con la misma frecuencia que tiempo atrás, no es casual: a veces la vida se vuelve una cuesta que no avisa y, mientras una sube, las palabras se quedan sin aliento.
2025 me ha drenado. Ha sido un año complejo, de esos que mueven los cimientos y te obligan a mirarte de frente.
Algunas cosas se fueron sin aviso, otras tuve que soltarlas aunque no estuviera lista. No sé si puedo hablar de lecciones todavía, pero sí de resistencia. Y de esa voluntad de seguir, aunque duela.
No necesito decir más que esto: no he estado en mi mejor momento. He caminado entre días muy altos y otros muy bajos, tratando de sostener lo esencial y de encontrarme otra vez en medio del ruido.
En medio de ese tránsito, hubo silencios largos, cansancio, dudas. También hubo trabajo, porque la vida sigue: clientes, agendas, ideas que iban y venían. Pero la chispa creativa ,esa ilusión que enciende el “sí, hagámoslo” a ratos se me apagó. Preparar las sesiones de Navidad, por ejemplo, me parecía un reto más emocional que logístico. No era una cuestión de recursos: era el peso del ánimo, el cuerpo pidiendo pausa, el corazón necesitando recomponerse.
Y entonces apareció, como lo ha hecho tantas veces, Stefany.
Mi prima vive lejos, con su propia vida y sus propias batallas. Pero tiene un don: sabe estar. Escucha sin juzgar, sostiene sin invadir, abraza sin palabras. Hemos hablado mucho estos meses. Con ella pude decir en voz baja lo que no suelo contar en voz alta: que me sentía cansada, que dudaba, que tal vez este año no haría las sesiones de Navidad. No buscaba respuestas; a veces una solo necesita que alguien mire contigo el mismo punto del horizonte.
Su respuesta fue suave, pero firme:
“Tú tienes que hacerlas. No puedes dejar de hacerlo. Y si hoy te falta un empujoncito, yo te ayudo.”
Se ofreció a regalarme el fondo del set navideño. “Es un granito de arena”, dijo, casi quitándole importancia. Pero para mí fue mucho más que un gesto material. Fue un recordatorio silencioso: hay personas que creen en ti incluso cuando tú dudas. Hay manos que se tienden sin pedir nada, y esas manos hacen más ligero el peso de la cuesta.
No fue el fondo en sí. Fue lo que significó. En un año de pérdidas y aprendizajes, ese detalle tuvo la forma exacta de la fe: “sigue creando; no apagues la luz; aquí estoy”. Y me conmovió, no porque resuelva la vida —ningún gesto lo hace—, sino porque te devuelve por un instante a lo cierto: no estás sola. Hay amor que acompaña y amor que empuja, amor que se convierte en acción.
He pensado mucho en la palabra acompañar. No es resolver, no es decidir por el otro, no es tapar el dolor con frases hechas. Acompañar es hacer espacio. Es decir “me importas” con algo concreto. Stefany lo hizo con su escucha, con sus lágrimas cuando me quebré, y ahora con este regalo que, más que un objeto, es un símbolo.
Por eso, sí voy a hacer las sesiones de Navidad este año. No porque todo esté perfecto, ni porque de repente me sobre la energía. Las haré desde otro lugar: desde la gratitud, desde la honestidad de reconocer que también yo tengo días grises, y desde la certeza de que el trabajo creativo puede ser un refugio y un puente. Un refugio para volver a mí; un puente para conectar con familias que quieren guardar un momento alegre aunque la vida, como a todos, también les pese a veces.
No escribo esto para hablar de mí, sino para agradecer.
A Stefany, por su ternura que sostiene sin hacer ruido, por estar presente sin condiciones, por su dulzura constante, por sus mensajes que llegan justo cuando más los necesito. No con frases vacías, sino con presencia real.
Porque hay personas que no solo dicen “estoy aquí”, sino que realmente se quedan. por tenderme la mano incluso en los días en que me cuesta seguir. Gracias por apostar por mí de manera tan concreta. Y para decirle a quien lea esto, quizá en su propio tramo cuesta arriba: si hoy te falta la chispa, ojalá haya una Stefany cerca; y si no, ojalá puedas serlo tú para alguien más.
Vuelvo a escribir porque escribir también es elegir seguir. Vuelvo a crear porque crear también es elegir esperanza. Y vuelvo a abrir estas sesiones porque, aun en un año difícil, todavía creo en las imágenes que guardan lo que vale la pena.
Gracias por estar, por leer, por confiar. Nos vemos pronto, entre luces cálidas, colores suaves y pequeños momentos que, sin prometer la perfección, sí pueden regalarnos un respiro.
Emelyn



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