La cultura del “ya” y la fotografía: lo que no se ve detrás de una entrega
- Emelyn Nuñez Photography

- 22 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Han pasado algunos días desde mi última publicación en el blog. La verdad es que no han sido días fáciles para mí, pero este tema me surgió a raiz de que una persona interesada en mi servicio quería realizar una sesión un día antes de la fecha del cumpleaños de su bebé, pero con la mentalidad de que las fotos de la sesión estarían listas para ese día. Evidentemente le expliqué que las cosas no funcionan de esa manera, y la respuesta que recibí fue… ninguna, simplemente me dejó en visto. Todavía me cuesta entender cómo en su mente era posible recibir un trabajo terminado en menos de 24 horas.

También recordé el caso de una clienta que, aun habiendo firmado su contrato y recibido toda la información, me preguntaba por sus fotos apenas unos pocos días después de haberle enviado el mosaico de selección. Y es que los plazos de entrega están claramente especificados no solo en el contrato, sino también en la guía post-sesión y en el correo con instrucciones del mosaico. No es la primera vez que ocurre, y probablemente tampoco será la última.
Por eso decidí escribir este post: para compartir lo que pienso y siento sobre este tema, y explicar por qué los procesos en fotografía requieren tiempo, dedicación y paciencia. Vivimos en una era donde la inmediatez lo domina todo. Las redes sociales nos han acostumbrado a que todo debe ser para ayer: respuestas rápidas, contenido constante, compras inmediatas… y, lamentablemente, esa mentalidad se ha trasladado también a la fotografía.
Muchas personas creen que el trabajo de un fotógrafo termina en el momento en que hace “clic” con la cámara. Pero la realidad es muy diferente: lo que ocurre detrás de cada imagen es un proceso largo, detallado y creativo que requiere tiempo, paciencia y dedicación.
No es solo disparar la cámara
Cada foto pasa por un flujo de trabajo que va mucho más allá de la sesión. La edición no se hace de forma automática: cada imagen se trabaja de manera individual, cuidando los colores, la piel, la luz y los pequeños detalles que hacen que esa foto sea única y especial.
Además, no existe un único cliente esperando. Siempre hay una lista de familias que reservaron antes, y que merecen que se les respete el turno y el tiempo prometido. Pretender que un trabajo se entregue en tres, cinco o incluso diez días es ignorar la magnitud del proceso y la responsabilidad con quienes ya estaban en espera.
Detrás de la fotógrafa hay una persona
A veces se olvida que los fotógrafos también tenemos una vida fuera del estudio. Soy mamá, tengo hijas que necesitan de mi tiempo, una casa que requiere mi atención, compromisos familiares y personales que también me requieren tiempo durante mi rutina diaria.
Mi día no se limita a editar fotos. También respondo mensajes, organizo agendas, preparo contenido para redes sociales, y gestiono mi negocio para que siga creciendo. Todo esto forma parte de mi trabajo, aunque no siempre se vea.
Todo está en el contrato
Cuando un cliente reserva, recibe un contrato claro y transparente donde se explican los plazos de entrega. Ese documento les da incluso 48 horas para leerlo, analizarlo y decidir si están de acuerdo o no. Y si no lo están, pueden desistir sin problema.
No es justo que alguien acepte las condiciones sin leerlas y luego alegue ignorancia, o que se moleste conmigo porque el tiempo de entrega no es inmediato o tan rápido como quisieran. Mi deber es informar al cliente del proceso, el cliente tiene la responsabilidad de leer y entender lo que firma.
La creatividad necesita tiempo
Cada sesión que entrego es el resultado de un proceso cuidadoso. No es un producto en serie ni algo que pueda fabricarse de un día para otro. La fotografía es arte, y el arte necesita espacio para respirar, pulirse y llegar al resultado que mis clientes esperan y merecen.
Por eso, más que pensar en la rápidez, me gusta invitar a las familias a valorar la calidad, la dedicación y el amor que hay detrás de cada entrega. Porque al final, estas imágenes no son para las redes de hoy, sino para los recuerdos de toda la vida.
Valorar el proceso, no solo el resultado
Al final, más allá de la rápidez, lo importante es la calidad y el valor emocional de cada fotografía. Por eso mi invitación es simple: aprendamos a respetar el proceso creativo, no solo en la fotografía, sino en cualquier arte u oficio que requiera tiempo, esfuerzo y dedicación.
La próxima vez que pienses en lo “rápido”, recuerda que lo verdaderamente especial toma tiempo. Y ese tiempo es lo que lo convierte en único.




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