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Sesión Newborn con una bebé de 2 meses: la historia de Luna y Camila

  • Foto del escritor: Emelyn Nuñez Photography
    Emelyn Nuñez Photography
  • 15 ago
  • 5 Min. de lectura

En fotografía newborn, el tiempo es un factor que lo cambia todo. Siempre explico a las familias que el momento ideal para realizar la sesión es dentro de los primeros 14 días de vida, cuando el bebé conserva esa flexibilidad natural y ese sueño profundo que facilitan las poses más delicadas. No es que después sea imposible, pero sí se vuelve más retador: el bebé está más despierto, más estirado y mucho más sensible a cualquier movimiento.

Luna de 21 días despierta durante casi toda la sesión

No hago estas sesiones porque, al poder ser tan complicadas, a veces los resultados no son lo que los padres esperan; no porque queden mal, sino porque suelen idealizar fotos newborn como si fuera con un bebé de pocos días, que —aunque no es una regla absoluta— suelen tener mejores resultados. Al no cumplir con esas expectativas, puede ocurrir que los padres se sientan inconformes, pensando que no hubo esfuerzo suficiente, o incluso reclamando devoluciones o repetir la sesión. Aunque no me ha pasado directamente con sesiones newborn, sí he tenido uno que otro cliente que, a pesar de todo el esfuerzo invertido en una sesión, no ha valorado ese trabajo, emitiendo juicios de valor fuera de lugar. Por eso, hay dinero que prefiero no ganar. Claro que siempre se puede informar o advertir para que tengan expectativas realistas, pero aunque uno lo haga, si pagan por una sesión newborn generalmente esperan un resultado propio de ese tipo de sesión. Como dije, prefiero no arriesgarme; por eso siempre recalco la importancia de reservar a tiempo para asegurar el espacio y hacerlo dentro del periodo ideal. Si ya pasó demasiado tiempo, recomiendo esperar a la siguiente etapa con una sesión tummy time o remitir a alguna colega. Hace unos días, aclaré que tengo una colega que sí trabaja con bebés de esa edad, pero su método es diferente: hace sesiones temáticas y, a veces, con el bebé envuelto en una canasta. Al combinar esas tomas con fotos con los padres y diferentes perspectivas, gran parte del trabajo está resuelto. En cambio, en mi estilo, donde poso a los bebés, necesito que estén profundamente dormidos y con la flexibilidad característica de esa edad…


Con Luna, la hija mayor de esta familia, no pudimos trabajar dentro de ese rango ideal. En 2022, sus padres estaban listos para la sesión cuando ambos enfermaron de COVID. No hubo más opción que posponer. Cuando finalmente pudimos vernos, Luna tenía 21 días. Puede parecer poca la diferencia, pero en fotografía newborn esos días cuentan, y mucho.

Esa sesión fue larga y desafiante: Luna estaba muy despierta, curiosa, atenta a todo lo que pasaba a su alrededor. Hicimos pausas constantes para alimentarla y calmarla, y entre cada intento yo trataba de encontrar la forma de que se relajara. Sin embargo, había una imagen que su mamá soñaba desde el inicio: Luna sobre una almohada en forma de luna. Y yo sabía que no podía dejar que se fueran sin intentar conseguirla.

Pasaron horas y el sueño parecía no llegar. Ya estábamos resignadas cuando, de repente, la magia sucedió: Luna se durmió. Tuvimos apenas 30 minutos y los aprovechamos como si fueran un tesoro. Conseguimos la foto soñada y, con ella, un recuerdo que se volvió una de las imágenes más especiales de mi portafolio, no solo por el resultado, sino por lo que significó lograrla.

Un reencuentro inesperado

Unos años más tarde, recibí un mensaje de la misma mamá. Esta vez me contaba que había nacido su segunda hija, Camila, y que deseaba con la misma ilusión su sesión newborn. La diferencia es que Camila ya tenía dos meses.

En mi experiencia, nunca había hecho una sesión de este estilo con un bebé de esa edad. Sabía que las probabilidades de que durmiera profundamente o aceptara ciertas poses eran mínimas. Pero había algo más fuerte que la técnica: la conexión y la confianza que habíamos construido años atrás. Decidimos intentarlo, con expectativas realistas y la mente abierta a lo que surgiera.

El valor de intentarlo

Contra todo pronóstico, Camila se durmió en la primera pose: la clásica “Colita en pompa”.

Para muchos puede parecer solo una imagen bonita, pero para mí fue un logro técnico enorme dadas las circunstancias.

Después, probamos con el pony de peluche, un prop suave que suele transmitir calma. Camila no solo lo abrazó, sino que volvió a dormirse.



Cuando su mamá pidió una pose en un columpio decorado, armamos el set con cuidado y, una vez más, la magia: la bebé se relajó, cerró los ojos y nos regaló un momento perfecto. No es que durmió todo el rato, tuvimos pausas, para alimentarla y calmarla.

A lo largo de la sesión hicimos varios cambios de accesorios, buscando que la galería final tuviera variedad y frescura. Terminamos con una foto familiar que capturó perfectamente la calidez y la conexión de todos. Fue el cierre ideal para una jornada intensa, llena de paciencia y momentos especiales.

Lo que pensé que sería una sesión breve terminó extendiéndose por tres horas y media. Cada pausa, cada transición y cada pequeño ajuste valieron la pena.

El resultado fue una galería rica en imágenes: desde retratos llenos de ternura hasta escenas que cuentan la historia de dos hermanas unidas por algo más que la sangre… también por el recuerdo de sus primeras fotos.

Más allá de la técnica

Esta experiencia me recordó que, aunque las reglas y la técnica son fundamentales para obtener un trabajo de calidad, no lo son todo. En fotografía newborn, la técnica es la base que nos permite trabajar con seguridad, cuidar cada detalle y garantizar que el bebé esté cómodo en todo momento. Pero el verdadero corazón de este tipo de sesiones está en la paciencia, en la capacidad de leer el momento y adaptarse a él, y en la conexión que se crea entre el fotógrafo, el bebé y su familia.

Hay días en los que el plan inicial funciona a la perfección… y otros en los que el bebé decide que vamos a hacer las cosas de una manera completamente diferente. Es ahí donde entra en juego la flexibilidad: saber cuándo esperar, cuándo cambiar de pose, cuándo hacer una pausa o incluso cuándo renunciar a una idea para dejar que fluya otra. No se trata solo de “hacer fotos”, sino de crear un ambiente donde todos se sientan tranquilos, confiados y presentes.

No planeo convertir las sesiones con bebés de dos meses en algo habitual, porque implican un nivel de reto, dedicación y tiempo mucho mayor. Sin embargo, esta experiencia me dejó la certeza de que, a veces, apartarse del guion y decir “vamos a intentarlo” abre la puerta a resultados que superan cualquier expectativa. Y, sobre todo, nos recuerda que cada bebé es único y que cada historia merece ser contada tal y como es, con sus tiempos y sus ritmos.

En fotografía, como en la vida, hay momentos en los que lo que parecía imposible termina convirtiéndose en algo inolvidable. Y es precisamente en esos instantes, fruto de la paciencia y la perseverancia, donde se esconden las imágenes más especiales.

2 comentarios

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Emelyn Nuñez Photography
Emelyn Nuñez Photography
16 ago
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Te gustó esta historia? déjame tu comentario, lo aprecio mucho!! 🩷

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dra.sulennylugo
16 ago
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Wao, te leo y veo estas imágenes y es como si volviera a vivir cada momento 🥰Gracias Emelyn por aceptar intentarlo con ambas, Los resultados superaron por mucho nuestras expectativas. Amé cada captura📸 Qué valioso es tener estos recuerdos, no son simples fotos, son un gran tesoro, pues son memorias del corazón ❤️ Gracias por capturarlas con tanto amor y paciencia. 🥰😍

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Emelyn Nuñez Photography | Estudio especializado en fotografía de recién nacidos, embarazo y familia en República Dominicana. Sígueme en Instagram: https://www.instagram.com/enunez_photography/

©Emelyn Núñez Copyright 2025
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