La sesión sitter: donde tu bebé empieza a mostrar su mundo interior
- Emelyn Nuñez Photography

- 31 jul
- 2 Min. de lectura
Hay una etapa entre el nacimiento y el primer cumpleaños que muchas veces pasa desapercibida… pero que está llena de magia. Es ese momento en el que tu bebé ya no es un recién nacido, pero tampoco ha llegado a caminar. Se sienta, se ríe con más fuerza, juega, mira con curiosidad cada cosa, y sobre todo, empieza a mostrar su personalidad. Esa es la etapa que retratamos en la sesión sitter.
Lo hermoso de estas sesiones es que no se trata solo de capturar “cómo se ve” tu bebé, sino de detener en el tiempo esos gestos, esas miradas intensas, esos cachetes que aún conservan la redondez de los primeros meses. Es una etapa donde los bebés reaccionan con más conexión al entorno, y eso hace que cada fotografía tenga más vida, más intención.

A diferencia de la sesión newborn o de la del primer cumpleaños, esta etapa está libre de expectativas. Aquí no hay poses, ni pasteles que romper: solo tu bebé y su mundo, tal como es.
Desde mi experiencia, una buena sesión sitter sucede cuando dejamos que el bebé guíe el ritmo. A veces se ríe con un juguete, otras se queda observando… pero en todas las ocasiones, algo especial se asoma. Y ahí es donde nace la verdadera fotografía.

También es un momento muy especial para los padres, porque ya han vivido suficientes meses junto a su bebé como para reconocer sus expresiones, sus gestos favoritos, ese brillo que aparece cuando algo le emociona. Y ver todo eso reflejado en una imagen, desde afuera, es un regalo que toca profundamente.
Así que si estás en ese punto donde tu bebé se sienta solo, se ríe con todo el cuerpo y empieza a descubrir el mundo con sus propias manos, tal vez esta sea tu señal: no dejes pasar esta etapa sin retratarla. Porque aunque dura poco, las fotos la pueden volver eterna.



Yo amo estas sesiones, especialmente las de los gorros florales. 😍
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